Con esta frase empieza una larga aventura, intentar cumplir mi sueño: escribir un guión y llevarlo a la gran pantalla. Si, cualquiera lo juzgaría de imposible, pero la vida me demuestra que nosotros podemos llegar a vivir experiencias más maravillosas y duraderas que las que ofrece una película, y que todo lo que parece “imposible” puede suceder.
Cuando más duro parece escribir una historia y llevarla el papel, nos olvidamos de que hay gente que día a día combate contra cosas más difíciles de soportar. El trabajo de escribir no deja de ser cómodo y placentero, un cúmulo de minutos dedicados a imaginar y dibujar con palabras. En cambio, el trabajo de un médico o de una enfermera, el trabajo de un bombero... son niveles más arriesgados, la vida de otros puede llegar a depender de ellos.
En una historia, la vida de los personajes depende del escritor.
Nunca me he sentido capaz de escribir un guión. Bueno, más que eso podría esclarecer que no me he sentido capaz de hacerlo bien porqué siempre he vivido convencida de que carecía de conocimientos y técnica para conseguirlo, así que la cosa quedó aplazada durante todo un año pese a tener ya empezadas las primeras páginas de lo que podría ser mi primer guión.
La nueva vida universitaria me hizo olvidar una parte del mundo artístico que llevaba cultivando unos años. Mi primer año en la universidad me tenía en estado de éxtasis, siempre había deseado llegar a la universidad y me hubiese encantado saltarme toda la fase previa y con poca edad estar cursando una carrera, pero me tocó esperar unos años.
Cuando empecé las clases nada era como lo había imaginado, pero no era tan malo como podría haber sido y lo he disfrutado hasta el día de hoy, que han acabado los exámenes entrados ya en el mes de julio. La universidad me ha traído historias maravillosas con gente aún más magnífica, como si viviera un sueño.
He vivido en medio de muchos sueños últimamente, circunstancias mucho mejores que los propios sueños y ha sido todo un placer verme envuelta entre tanta suave seda. Siempre hay momentos malos y buenos, y en medio de cada sueño hay días de pesadillas, pero superar esos días daba aún más valor a los que iban llegando con otro color.
Como el cine quedaba en un segundo plano, me vi envuelta en el universo teatral aprendiendo los rasgos más básicos de la interpretación. Al menos mi vida artística no quedaba tan dormida y me permitía aprender en ese lugar cosas que jamás hubiese podido aprender con un libro.
Aún así, dentro de mi el cine aclamaba que regresara para conseguirlo, encontré la Escuela de Cine de Valencia, conocida como Nucine, y había cursos que podía hacer a distancia, toda una oportunidad para seguir estudiando en la universidad e ir aprendiendo a la vez los rasgos del mundo cinematográfico.
Con esto, llega mi cumpleaños y mi novio me hace un regalo fabuloso, más de lo que cabría desear: Un libro llamado EL GUIÓN. Y lo firmó con la frase que da nombre al título de esta primera parte.
Hace falta mucha fortaleza y persistencia para llegar a donde uno quiere. Para cumplir un sueño debes estar años insistiendo y esforzándote para conseguirlo, pero no hay que decaer, la vida es maravillosa y todo es posible digan lo que digan, aunque necesitemos continuamente la fuerza y el apoyo de otros para poder avanzar.
Es increíble poder dar los primeros pasos y sentirse como un bebé, viendo que hay alguien a tu lado sonriendo con tu esfuerzo y tu ilusión. ¡Hay que creer en un mismo y volar alto!
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